Hola, bienvenidos a mi post numero 30. Después de un mes sin escribir nada sobre mi historia amorosa, he regresado con esta serie de relatos, que se han convertido en parte de un diario anónimo sobre mi vida. Como podrán notar, es mas extenso que los anteriores, ya que en ocasiones pasadas solo relataba sobre un día, y no sobre 6, como en este. Espero y les agrade. Saludos!
Titulo: Nuestro Reencuentro
Autor. elcyberpoet@
Fecha: 03/08/2013 - 05/08/2013
Ha pasado el tiempo de espera, y para mi fortuna fueron tres, y no cuatro semanas, como ambos pensábamos. No teníamos un medio de comunicación frecuente, solo las redes sociales, que aunque yo uso a diario, por desgracia en el lugar donde se encontraba no le eran tan accesibles. Llego un sábado en la tarde a la ciudad y no estaba enterado. Lo supe tres días después, hasta el martes, donde una corazonada me invitaba a pasar por su domicilio y preguntar por ella. Ahí estaba, después de varios días en los cuales no supe de ella. Me confesaba que me había extrañado y yo a la vez también lo confesé, que estos días se había sentido extraña por no pasar sus tardes a mi lado, y yo le decía que me había hecho mucha falta, que la necesitaba mas que nunca. Le conté cuando fui a alcanzarla, pero que no logre mas que verla de lejos antes que partiera. Ella me contó lo que hizo en su pueblo: las fiestas patronales, la feria, el reencuentro con alguna de sus amistades, la convivencia con su familia. Ella quería que yo me fuera con ella, que estuviera a su lado en aquel lugar, compartiendo las alegrías que vivió. Yo le prometí que algún día, no muy lejano, iríamos juntos. Pero yo tenia algunos pendientes, al igual que ella, y tuvimos que despedirnos por aquel día, esperando hasta la siguiente tarde para continuar conversando. Al igual que siempre, un beso en la frente y un "te amo" al oído fue nuestra despedida.
Al día siguiente, la tarde estaba soleada y era perfecto para estar juntos. Conversamos de lo que habíamos hecho durante esos días que estuvimos lejos uno del otro. Las canciones que yo le dedique y que escucho cuando pensaba en mi, suspirando y deseando que estuviéramos juntos pronto. Escuchar que soy tan importante en su vida, como ella lo es en la mía, es mas que suficiente para darme cuenta que si me ama, y no son solo palabras. Nos tomamos con un celular algunas fotografías, para inmortalizar aquel hermoso momento. El día paso muy rápido y sin darme cuenta el cielo había pasado de ser soleado, a nublado con probabilidad de lluvia, y poco después, a obscurecerse. La hora de marcharme había llegado. No tenia inconveniente, al siguiente día volveríamos a estar juntos, así que me retire contento, no sin antes despedirme con un largo, lento y tierno beso en la boca.
Si yo hubiera sabido que al siguiente día iba a haber una lluvia tan fuerte, que me impidió pasar esa tarde a su lado, hubiéramos planeado vernos unas horas antes que iniciara la precipitación. Pero es algo que no lo sabes, hasta que pasa, y tuve que resignarme a no verla hasta el siguiente día.
El viernes decidí llegar un poco mas temprano de lo hablado, para evitar lo del día anterior. Aquella ocasión platicamos, como cualquier otra, y también hubieron incontables muestras de afecto, como las frases románticas, los cumplidos, los abrazos y por supuesto, los besos. A diferencia de los días anteriores, se le notaba mas contenta que de costumbre, inclusive quería que bailáramos. Yo no me opuse, ya que me contagio su alegría inevitablemente. De nueva cuenta nos tomamos un par de fotografías. El día cálido se convirtió de un momento a otro en nublado. Ella no traía suéter y el viento que soplaba fuerte, no solo le alborotaba el cabello, sino que le causaba frío. Sin pensarlo dos veces le cedí mi suéter. Al principio no quiso aceptarlo, pues el viento me causaría frió. No me importaba sentir frió, o mojarme con las gotitas de lluvia que caían del cielo, mientras ella estuviera bien, así que insistí para que tomara mi suéter. Finalmente lo acepto. Aquellas gotitas pronto fueron mas constantes y pronto hubo una llovizna, que nos obligo a refugiarnos en la entrada de su casa. Ahí seguimos conversando hasta que cayo la noche. Nos despedimos antes que regresara la lluvia, planeando vernos al día siguiente en la tarde. Esta vez la tome de la mano, le dije que era lo mas importante en mi vida y que la amaba demasiado, un tierno beso en la mejilla marco el adiós por aquella ocasión.
El sábado, en la mañana, al despertar, estaba a punto de iniciar mi día, hasta que un descuido de mi parte me provoco una torcedura de tobillo que me causo un dolor horrible. Caminar me costaba mucho trabajo y cada paso me daba dolor. Una pastilla para contrarrestar la hinchazón fue lo único que hice para buscar mejoría. En la tarde y con mucho esfuerzo fui a visitarla, como habíamos acordado. En cuando noto mi extraño caminar me pregunto que había sucedido. Yo le explique todo y me comprendió empaticamente. Nos sentamos en una jardinera y después de un par de palabras, el silencio se hizo presente entre nosotros. Sentí la necesidad de hablar con ella sobre algunos temas que durante mucho tiempo había querido decir. Muchas veces, la he visto seria, y me explico que en algunas ocasiones se encuentra así porque me esta escuchando con atención cada que platico o comento algo. También las veces que no he contado con dinero para poder comprarle algún presente, y que nunca acepto cuando ella intenta pagar por mi tonto orgullo irracional. A su vez, ella me confeso que como novios, debemos apoyarnos en todos los sentidos, y que mínimo alguna vez le dejara pagar o se enojaría. No me gustaría que se enojara, y que nuestra historia, que tiene un historial de peleas y enojos en blanco, se manchara por una insignificante razón. Llegamos al acuerdo que nos ayudaríamos, en cuestiones monetarias, sin problemas. El tema se extendió hasta que obscureció. Ya era hora de irme. Nos despedimos, planeamos la hora en que nos veríamos al día siguiente, y me marche contento y con una tranquilidad en mi corazón.
El domingo, acordamos vernos dos horas antes de lo acostumbrado, para salir a caminar. Por desgracia tuve algunos pendientes y fui a buscarla una hora después. Aun no estaba lista, pues también ella tuvo compromisos que cumplir en su casa. Mientras la esperaba, la lluvia iba iniciando, tomando poco a poco mas fuerza, hasta que mis zapatos estaban mojados. Me protegí de la lluvia en la entrada de su casa. No pude evitar sentir impaciencia por estar a su lado, pero la espera valdría la pena. Un rato después bajo, pidiéndome disculpas por haber tardado tanto. Le respondí que no había problema, que yo entendía su situación, porque yo también había llegado tarde. Estábamos juntos y abrazados, tomados de la mano y conversando. Cuando me vio a los ojos y me regalo una sonrisa, tuve que hacer nuevamente una confesión que el día anterior no dije. Tenia miedo de perderla, que nuestra relación se vuelva rutinaria, y después aburrida, y se termine el amor. Me respondió que no la perdería, sino al contrario, que cada día ganaba mas su cariño, que nunca había hecho tantos esfuerzos por una relación, que saldríamos de paseo mas a menudo, y así seria cada día diferente del anterior. Escuchar esas palabras que nunca antes me había dicho, tratar un pensamiento que tuve desde el inicio de nuestra historia y que no dije, hasta ahora, me demostró que el amor si existe entre nosotros, y que soy correspondido. No puede existir mas alegría para un enamorado. Tuve que marcharme antes de lo que hubiese querido, pero hoy, estaré junto a ella, el amor de mi vida.
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